Mis ojos sangran. No puedo mirarte.
Quiero tocarte, pero mis manos tiemblan como un pájaro dormido.
Tengo palabras en el bolsillo. Temo meter la mano y que se deslicen subrepticiamente por entre mis dedos para abandonarme.
Que me abandonen...
después de todo, al igual que Ulises, mi nombre es Nadie.

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