Libros tirados sobre la alfombra que parecen querer despegar vuelo con deseperación como una golondrina atrapada en la nieve.
Ventanas epilépticas y cortinas agitadas por un suspiro helado igual que los ojos de un gato embalsamado.
Hojas secas que bailan una canción triste y se meten caprichosas bajo las sábanas de una cama petrificada como un tigre a quien le descubren su secreto.
Látigos cortantes que se tiñen con la sangre y con el grito desesperante de una noche sin estrellas que tendrá un alba sin pájaros.
Un espejo ciego que se ahoga en un grito y luego llora, se suicida y se desangra como una flor tirada en un pantano.
Anoche tuve una pesadilla: los libros estaban en su lugar en la biblioteca, las ventanas estaban semi abiertas, las cortinas tranquilas, era una noche primaveral y el espejo nos reflejaba durmiendo abrazados.

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