miércoles, 4 de marzo de 2015

Reflexión frente a la ventana


En esta fresca noche de octubre estoy parado frente a mi ventana contemplando la luna. Ahí está ella, tan blanca como pálida. Repentinamente pienso en las estrellas que también están en el cielo y son como un ejército celestial. Las estrellas siempre están, nos regalan su luz y nos hablan a su manera, en su idioma. La verdad que la luna podrá ser muy bella, pero las estrellas son misteriosas. No puedo dejar de mirarlas. Su luz es proporcional a su silencio, pero no es un silencio vacío, ausente o distante. El silencio de su luz (o la luz de su silencio) es un mensaje. Daría todo lo que tengo por entender ese mensaje. A veces pienso que si yo pudiera descifrar el idioma de las estrellas, lloraría de alegría. ¿Para qué sirven las estrellas?. A esta altura de la noche puedo prescindir de la respuesta científica. Entonces una vez más en mi vida, dejo salir la voz de ese niño inmortal que no es solo mío, porque todos lo llevamos dentro. Dejo que hable el principito, "me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya".

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