martes, 6 de noviembre de 2012

Luz


El siguiente escrito, sin fecha ni firma, lo encontré entre las páginas de una edición bilingüe de El Cuervo (The Raven) de Edgar Allan Poe, que adquirí semanas atrás en una librería de la calle Posadas, en Buenos Aires. Al principio le resté importancia, pero al cabo de unos días el contenido del manuscrito comenzó a inquietarme.
Decidí mostrárselo al doctor Rogelio Sánchez Blanco, gran amigo mío que trabaja en la Biblioteca Nacional, traductor de Poe, Whitman y Emerson, entre otros. Mi amigo insiste en que le entregue el texto original redactado en inglés, ya que tiene algunas sospechas que, según él, exceden mi entendimiento de simple lector.
Traducido por Sánchez Blanco, reza el anónimo autor:

"Aquella noche pensó: Abriré las ventanas para contemplar la luz de la luna en la oscuridad. Pero no había luna y por lo tanto no estaba su luz.
Entonces dijo: Observaré las estrellas y que su luz bañe mi habitación. Pero no había estrellas porque estaba nublado y no hubo luz.
Luego, suspirando, agregó: Prenderé una vela y contemplaré en silencio su trémula llama. Pero recordó que no tenía velas en su casa, de modo que no pudo encender ninguna para ver su luz.

Así que se puso de pie y se acercó a la chimenea para ver la luz de sus ojos reflejada en el espejo. Pero sus ojos no tenían luz porque hacía dos horas que estaba muerto y ni la luna, ni las estrellas, ni las velas se lo habían dicho.
El espejo fue el mensajero".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.