miércoles, 26 de noviembre de 2014
Balada del lector olvidado
Allí, muy cerca de la ventana,
en un rincón olvidado,
a la hora en la que el viento muere
y las palabras del poeta desfallecen,
se acurruca el lector en su sillón
mientras se atropellan las hormigas en la calle.
Nadie lo ve.
Nadie lo escucha.
Es invisible.
Solo su sombra lo acompaña
hasta que la casa queda a oscuras.
Y entonces solo habitan las palabras.
Y la sangre, en las páginas, no son palabras.
Son imágenes que explotan
y manchan los cristales de sus gafas.
Pero al lector no le importa.
Porque mientras se atropellan las hormigas en la calle
él, olvidado, es otro.
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