El azul de la tarde cae sobre el Pont Neuf. El cielo está cargado de nubes, pero no hay amenaza de lluvia. Son nubes de un color violáceo, una masa de aire frío que se aproxima, sin duda. La tarde está fresca, y el viento aumenta la sensación de melancolía que flota en el aire.
A Julia y a Sergio les encanta volver caminando por allí cada día, luego de la universidad. Son felices, y se nota. Llegar a los cuarenta años, ser profesionales y vivir juntos en París es para estos dos argentinos una de las formas del paraíso.
Ambos caminan del brazo por el puente respirando cada rincón, cada color, cada textura de la tarde(saben que están pisando las huellas de otro argentino flaco y alto). Ella lo mira en silencio porque le gustan sus ojos de niño. De repente le dice:
--Estás callado hoy.
--Sí.-- dice Sergio.
--¿Puedo saber por qué?-- Preguntó Julia y le besó la oreja.
--Hay una cuestión que me inquieta un poco...se me ocurrió ayer mientras releía los relatos completos de Kafka, en esa edición de Losada tan bien traducida.
Juli, escuchame bien: ¿Qué pasaría si mañana te levantás y descubrís que tenés dieciocho años, que todo lo que viviste desde entonces hasta ahora fue un largo sueño de una noche, incluyendo tus días en el Colegio Nacional, tus veranos en la costa, las tardes en los pasillos de Filosofía y Letras, los pájaros que surcan el Sena esta tarde, los besos que te di anoche bajo la luna, tus gemidos en mi oído, este diálogo al atardecer; resumiendo, que todas las personas que conociste y los lugares en los que estuviste fueron parte de tu sueño y tu vida será completamente distinta de ese sueño?
--Incluyendo tu pregunta tan larga?--Julia se ríe, Sergio no.
Es inquietante, lo admito, Sergio. Creo que nadie puede estar seguro de no estar soñando. Supongo que si mi pasado es un sueño, entonces debería ponerme a escribir mi futuro. Vivir, soñar, escribir...¿qué otro don podemos pedir?
Pero Sergio no estaba allí para responderle. Tampoco el Pont Neuf, ni el Sena, ni París, ni la tarde azul.
Ya había oscurecido cuando Julia entró al departamento de la calle Argerich, en Villa del Parque, Buenos Aires.
Tenía mucho que escribir.
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