lunes, 19 de mayo de 2014
Theatrum Philosophicum
Camino discontinuo I
Alejandro camina por la Avenida Juramento una tarde lluviosa y se detiene al llegar al paso a nivel. La barrera está baja, se suceden los minutos pero el tren no pasa. Se trata de una falsa alarma. Cruza las vías con las manos en los bolsillos pensando en la edición barata de Descartes que lleva en la mochila. Mientras camina se dice a sí mismo: El pensamiento es como una flecha que jamás se detiene. No esperes que te suceda lo que ya te sucedió ayer; nada se repite, ni siquiera las tragedias se repiten en forma de comedia puesto que la rueda del pensamiento gira siempre hacia adelante. Una vez que comienza, su origen es su impulso y jamás vuelve atrás. El origen (el arco con el que tiro la flecha) lo es todo. Pero ¿cómo es posible que el pensamiento tenga un origen y sin embargo empiece siempre de nuevo?
Camino discontinuo II
La barrera está baja. De repente todos, personas y autos (incluso el tren que se entrevé a lo lejos) se amontonan y se adelantan unos a otros. Es el imperio del desorden. Todo es tan desordenado en esta ciudad. Hace falta un orden que establezca elementos y disponga las diferencias. Para eso tenemos que pensar. Sí, debemos comenzar a pensar ahora. Cualquier momento es un buen comienzo. Tenemos que pensar cualquier cosa, si tenemos la voluntad, cualquier momento es un origen. así como están las cosas, nos gobierna la confusión y el caos. Yo mismo, al apurarme a cruzar la barrera entre la gente, advierto de repente que estoy en el medio del mar, convertido en flecha, ya lejos de la costa, sin retorno.
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