lunes, 5 de enero de 2015

Mujer caminando de noche



                                                                                       You wanted to look at life for yourself...
                                                                                         
                                                                                         Henry James, The portrait of a lady


Soy una mujer bastante extraña. Mientras las demás están cómodamente instaladas en sus sillones besando a sus maridos y escuchando música a media luz, yo voy errando por calles sucias y oscuras en esta noche de invierno, rodeada de bruma y humedad, sola y para colmo sin cigarrillos. Después de medianoche el color de las calles cambia bastante, curiosamente se vuelve todo más nítido a pesar de la niebla. En realidad no cambia nada, el color de las calles es exactamente el mismo que antes de medianoche, creo que la que cambia soy yo. Debe ser porque a medida que camino me voy internando en el fondo de la noche, donde habitan los fantasmas, propios y ajenos. Si estuviera frente a un espejo, vería a "otra" allí.
Pero no necesito ningún espejo. La prueba de que me estoy internando en el fondo de la noche está en que dejé de pensar en cigarrillos para hacer filosofía barata, disciplina que suelo ejercer después de las doce. Pero no quisiera seguir este rumbo de reflexiones, no al menos esta noche en la que siento como una inquietud. En realidad la siento siempre, pero hoy, no sé por qué, un poco más. Prefiero pensar en el cigarrillo ausente.
Lo cierto es que a los 35 años no debería andar vagando por las calles nocturnas cazando emociones fuertes. Pero es que hay algo que me falta (huele a frase hecha, lo sé), lo busco cada noche, lo encuentro, pero luego lo pierdo y entonces tengo que volver a salir para recuperarlo.
Ahora bien, la cuestión se complica porque en realidad no me acuerdo qué era lo que busqué, encontré, perdí y volví para recuperar. Si pudiera recordarlo, la búsqueda sería más fácil. Pido disculpas porque sé que no soy muy clara al explicar esto, si tuviera un cigarrillo entre los labios tal vez encontraría mejores palabras.
Cada noche estoy más extraña. Estoy sola en la calle, meditando mientras camino, y sin embargo tengo la sensación de que lo que pienso es un texto que alguien está leyendo (siempre me sucede lo mismo. Cada vez que voy a encontrarme con él -y acabo de recordar lo que buscaba- mi pensamiento se contamina de literatura).
Mejor apuro el paso, que todavía estoy lejos de su casa, y si no me apuro no llegaré antes del alba. Cuando una camina de noche todo se oscurece (obvio) y todo se agranda (?). La placita en la que de día juegan los niños que las madres besan cuando no besan a sus maridos, se convierte, de noche, en un gran rostro verde oscuro lleno de ojos vidriosos que acechan (lo leí hoy en una biblioteca del Bajo Flores). No crean que tengo miedo, es solo una observación. En general no soy miedosa. Una vez (yo tendría unos doce años) un tipo me dijo que yo no tengo miedo porque en lo profundo tengo muchos miedos que chupan el miedo de la superficie. ¿Será que los miedos llaman al miedo como la sangre llama a la sangre?
Cuando llegue, le hablaré de esto a él, a ver con qué autor me sale para responderme. En realidad él no tiene la culpa de que mi pensamiento se contamine de literatura. La verdad que me gustaría mucho ser escritora. Estoy harta de trabajar en oficinas como secretaria o frecuentando corredores de bolsa, tan aburridos todos. Pero lo que más deseo es ser actriz. Mi vida sería mucho más interesante. Que nadie me malinterprete, como mujer creo ser interesante, por empezar soy independiente, muy diferente de todas esas señoras de la alta sociedad que suele frecuentar él. Tampoco soy una convencional ama de casa. Ser una mujer independiente en 1948 es ser una mujer interesante, nadie me lo puede negar. Más aun si esa mujer emprende una caminata nocturna por toda la ciudad, arrancando desde el sur hasta el norte. En verdad no sé hasta cuando podré hacerlo, este país vive horas difíciles, no es ninguna novedad, pero está lejos de ser una pesadilla, como dicen muchos. No señor, se trata de un fenómeno demasiado real, del que no hay escapatoria, por lo cual hay que enfrentarlo, y sobre todo desafiarlo. Este país tan "viril" necesita una vuelta de tuerca. Pero, ¿qué estoy diciendo? yo misma me contradigo no?
Estoy llegando al Parque Lezama, deteriorado y sucio, tan triste contrastado con esa cúpula azul con forma de cebolla de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Ese contraste nos confirma la realidad del paso del tiempo. El tiempo es una bestia, pero no es inhumano. Tiene una cualidad mágica mientras está contenido en un sombrero, cuando sale de allí (como el prestidigitador que extrae objetos inesperados) la magia cede su espacio a lo real. Ese sombrero a veces puede ser un espejo en el que nos miramos una mañana, nuestras piernas cansadas luego de subir una escalera, o un parque deteriorado en el que alguna vez fuimos felices.
Y ahora que veo la iglesia ortodoxa, recuerdo aquella vez que caminando por esta misma vereda una tarde de noviembre, encontré a un amigo ruso que hacía mucho que no veía, pobre rusito...fue su último noviembre. Aquella vez al despedirse me abrazó fuerte y me dijo señalándome con el dedo índice: "vos te ganaste el paraíso". Yo lo miré y le respondí: "Mi único paraíso es pertenecer al Partido Comunista y no ser virgen". Hoy, al mirar atrás, me alegra saber que pude arrancarle una hermosa risa, la última de su vida, a un amigo tan querido.
Creo que me vendría bien un vaso de vino. Por suerte ya estoy llegando, él me incomoda un poco, aunque por otro lado también me gusta; no me desagrada, solo que sus maneras convencionales me enferman, nomás. Sus recibimientos tan exaltados, sus besos tan torpes, siempre tan fuera de lugar. Yo no sé si finalmente me casaré con él. No lo sé. Tampoco sé si es amor. Amor... un sentimiento tan peculiar...pero yo del amor conozco sus arquetipos y esplendores.
Igual debo confesar que él me gusta mucho. Aunque finalmente no nos casemos nunca, aunque no sepa si es amor, lo único que sé es que jamás conoceré a otro hombre como él, capaz de meter el Universo dentro de una caja de fósforos.
Ya llegué. Cuando salí de casa era más de medianoche. A la vieja no le va a gustar mi llegada, pero a mí no me importa ni ella ni sus antepasados ilustres.
Ya llamé. Solo resta esperar que me contesten y entonces preguntaré si está él. Y es claro que está, adonde va a estar si no, solo sale a la calle conmigo, de noche, para ir a ese banco frío en ese parque triste para hablar de George Bernard Shaw y Henry James.
Ya me abren.
-Buenas noches, vengo a buscar a Georgie, soy Estela. Estela Canto.-

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